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Anatomía del fútbol base

1 de diciembre de 2017 - 15:12

El fútbol base no es fútbol competición, es fútbol formación

Son muchos los partidos de fútbol a los que asistimos, y muchos más aún en los que nos quedamos atónitos con las manifestaciones y expresiones en las gradas. En algunos campos parece que se olvida, que estamos ante niños/as, que tan sólo buscan divertirse. Abandonar la comodidad del sillón delante de la consola u ordenador, para practicar algo de deporte. Son tantos los niños/as que abandonan la practica deportiva por la exigencia de los padres, que hemos decidido dejaros aquí un artículo de Umberto Leporini. Esperamos que lo leamos, y reflexionemos.

El fútbol base, que por denominación debería ser el fútbol formativo, es el inicio de un largo camino de aprendizaje que recorren los jóvenes para adquirir distintas capacidades, tanto físicas-técnicas-tácticas-competitivas y estratégicas, como psicológicas y sociales a través del fútbol.

El objetivo principal del fútbol formativo, debe ser formar personas por medio del fútbol, que puedan jugar (y no dejen de hacerlo) en cualquier categoría, respetando las reglas, los valores deportivos, al rival, al entorno, al árbitro, al juego en sí, y sobre todo, disfrutar de la práctica por encima del resultado.

Fuera aparte de las oportunidades que se dan a los jóvenes de la cantera, algunos de los problemas y conflictos pueden ser la falta de continuidad y de progresión en el trabajo de base, la falta de criterio en la progresión individual, la falta de adaptación del fútbol al desarrollo y capacidad del niño, y sobre todo saltarse etapas en la evolución y progresión individual.

Tener en cuenta esta premisa, es fundamental para el trabajo Técnico-Táctico en las diferentes etapas de formación. El resultado y las clasificaciones son consecuencias del trabajo realizado, no objetivo prioritario,  y debemos inculcarlo tanto a los jóvenes, como al entorno que rodea el fútbol llamado base.

Hacerlo bien por encima del resultado, valorando aspectos como dar un buen pase, jugar y ayudar al compañero, trabajar para el equipo, respetar las reglas y al árbitro, solucionar situaciones tácticas favorablemente... deben servir como recompensa y éxito por encima de ganar o perder, a lo cual también hay que enseñar.

Saber ganar significa dignificar al rival sin perderle el respeto, reconociendo aciertos y errores y el resultado como parte del trabajo realizado.

Saber perder significa reconocer la superioridad del rival o el simple lance de aceptar el marcador resultante del partido. Aceptarlo será la primera victoria.

"Sin prisa, pero sin pausa. No hay que correr en la formación".

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