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El padre Boina Verde

30 de abril de 2018 - 12:24

Volemos con los padres que podemos encontrar en los distintos campos españoles. Hoy conoceremos a el Padre Boina Verde. Podríamos pensar con el título, que será un auténtico guerrero, el más fuerte y exigente del grupo... Pero, no pensemos, leamos y conozcámoslo...

Dícese del padre cuyo paso por el Fútbol Base es como una estación de penitencia, descalzo y con cruz gorda de madera maciza, lleno de situaciones cargadas de vergüenza y ridículo futbolero en cubas de tráiler.

Sufridor nato, solo superado por el sufrimiento del padre del portero. Siempre en el centro de todas las críticas, sean buenas o malas. El Padre Boina Verde carga con el pero rol posible dentro del grupo de padres en un equipo de fútbol de niños... cuando sale su hijo desde el banquillo, porque es suplente sí o sí, aunque el equipo juegue con el último de la clasificación y sus componentes sean un año más pequeños que el rival.

El Padre del Malo o Boina Verde piensa que el mejor partido que puede hacer su niño es aquél que es inversamente proporcional a la cercanía de su hijo a la pelota, es decir, si no hay pelota cerca de mi hijo no se ve lo malo que es y los demás padres no podrán decir nada.

Para el Padre Boina Verde lo más doloroso de soportar es la insinceridad de los otros padres del equipo. Siempre le mienten, aunque sean mentiras piadosas, porque la verdad no es para menos con lo mal que juega el niño. Ellos siempre le dicen cosas como ésta:

-No... Si lo ha hecho bien hoy...

(Datos del partido: un gol en propia puerta, dos manos -una de ellas penalti- y diez minutos en el campo).

Responde el Padre Boina Verde:

-¡Bueno...! Creo que esto no es lo suyo.

Alguna madre samaritana señala:

-No, no... Va mejorando. Ha estado mejor que el otro día.

Los padres del equipo contrario, al escuchar esto, se plantean qué habrá hecho en el otro partido. ¿Chutar para su puerta, botar el balón con las manos? Manuel, a lo lejos oye a otro grupito de padres de su equipo:

-¡Qué malo es Manolito!

-¡Es un paquete! -se ríen.

A partir de ese momento, el Padre Boina Verde se convierte en un auténtico soldado de élite. Se hace fuerte ante las adversidades y las críticas. Curtiéndose en la guerra de las lenguas afiladas, no le hacen daño las descalificaciones. No puede hacer nada para cambiar su vida y la de su hijo dentro del deporte rey pero, eso sí, se ha hecho más fuertes que el pellejo de breva.

Va adquiriendo la condición de un soldado experimentado. Su capacidad de camuflaje se convierte en la cualidad más importante para su supervivencia. Mientras juega su hijo, ni el mismísimo Stallone en Acorralado se escondería mejor. Cuando su Manolito empieza a calentar en la banda, el Padre Boina Verde se mimetiza con los elementos estéticos del campo de una manera asombrosa: lo mismo se oculta detrás de una columna del chiringuito que se pone junto a una de las torretas de focos o, incluso, se sienta en el campo contiguo, con las madres del equipo que juega otro partido. Todo sea por pasar desapercibido. Hasta que -cómo no-, llega la abuela del niño (su suegra), que le grita desde la otra punta del campo:

Manué...! ¿Qué haces allí solo? ¡Vente pa' acá, que estamos aquí para ver al Manolito y va a salir ya! ¿No lo ves calentar? ¡No tardes!

Manuel, como buen militar entrenado para la batalla, hace caso a su superior (su suegra, por debajo de su mujer e hijos en el cuadro de mando). Mientras recorre todo el campo, dando la vuelta y a sabiendas de que todo el mundo le observa sin perder detalle, ya pensando: "Gracias a mi querida suegra, todo el mundo sabe que soy el padre del que no le da ni para adelante". Él, que pensaba tener hoy un tranquilo día de fútbol, sin sobresaltos ni risas, se resigna y aguanta, con su suegra al lado, una nueva estación de penitencia futbolera. Dios, aparta del Padre Boina Verde esta cáliz. Que no saquen a su retoño o que lo quiten si juega.

Comentarios

  • Virgi Medina
    16 agosto

    Virgi Medina

    Jugador

    34 ans